Se pone en marcha el Orient Express, un recorrido a través de películas actuales y clásicos por descubrir. Este primer viaje lleva a dos genios indiscutibles: Hayao Miyazaki (junto a su troupe del Studio Ghibli) y to/">Johnnie To.
The Kingdom of Dreams and Madness, de Mami Sunada (Yume to kyôki no ôkoku, 2013). Puntaje: 9.
Este documental del Studio Ghibli es maravilloso. La oportunidad de ver trabajando de cerca a un genio como Hayao Miyazaki resulta una experiencia sin desperdicio gracias a la directora Mami Sunada. Asistente de Koreeda (Nadie Sabe, De tal Padre Tal Hijo), la joven logra acercarse de manera cálida al maestro animador. Pero también (como si fuera poco) logra transmitir la dinámica que habita en Ghibli. Uno termina felizmente sorprendido ante el substancial despliegue de Toshio Susuki (productor principal del estudio). Su comprensión de los directores, el mercado y el espíritu del estudio lo ubica como motor de esa fábrica de sueños. Pero si acaso la presencia de Miyazaki y Susuki resulta importantísima, la del otro genio del estudio se convierte en trascendental. Isao Takahata, co-fundador del estudio y mentor de Hayao, resulta un fuera de campo enigmático y constante. Nombrado, admirado y, por momentos, vilipendiado (de modo muy japonés, con sumo respeto) por su incomprensible actitud hacia los tiempos y modos de producción, el director de La Tumba de la Luciérnagas aparece como descomunal e inasible. Un enigma de apariciones escasas, que sabe ocultarse de una cámara que lo busca ansioso.
Mami Sunada deja lugar para descubrir elementos de una belleza perdurable.
La joven directora Mami Sunada deja lugar para descubrir elementos sencillos y profundos, de una belleza perdurable. Y, sin lugar a dudas, su mayor mérito radica en mostrar a un Miyazaki auténtico. Logra mostrarlo talentoso, sensible, político y reflexivo. Pero, principalmente, le da lugar al pesimista y demencialmente exigente. Concede un acercamiento al hombre detrás del genio, permitiéndonos verlo entero. Sunada va ensamblando un rompecabezas mediante videos de juventud, opiniones políticas y de la industria (afirma con seguridad que no es un otaku), noches en su casa y frente a la mesa de trabajo. Y, como si fuera poco, entrega un momento tan bello como éste: Miyazaki se pierde mirando por la ventana y se hace confidente con la cámara, señala unas casas y deja volar su imaginación. En nuestro interior surge una certeza, la magia está ahí afuera, solo hay que atreverse a mirar.
A Hero Never Dies, de to/">Johnnie To (Chan sam ying hung, 1998)
Nunca alcanza hablar del inmenso to/">Johnnie To. Su cine es un parque de diversiones. El genial director de Full Time Killer, Yesterday Once More y Exiled (entre muchísimas otras) siempre tiene un as bajo la manga. Como en toda extensa cinematografía, hay joyas que se pierden en el camino. Este es el caso de la A Hero Never Dies. Una historia de dos amigos (empleados en bandas mafiosas rivales) que son traicionados por sus propios jefes por temor a un pacto entre ellos. Lo que podría resultar una mera película de acción, para to/">To es un juego nostálgico y precioso. El virtuosismo visual, la puesta en escena milimétrica y los tiroteos hermosamente coreografiados son solo una pequeña parte de esta obra. Porque A Hero Never Dies está surcada por un fatalismo que atraviesa la piel. Esa amistad de los dos mafiosos, lanzados a juegos y competencias infantiles, circunstancias evidenciadas desde el comienzo con un choque de autos y luego con un duelo con una copa y una moneda, resulta más grande que la vida. Así de triste, así de bello.















