Mel Gibson ha sabido abrirse una prestigiosa carrera como actor, a pesar de que en los últimos años se ha empeñado en dilapidarla con desafortunadas declaraciones y hechos. Sin dudas su punto más alto se dio en los 80 y 90 de la mano de esa genial saga de acción dirigida por Richard Donner llamada Arma Mortal y con otras grandes/buenas películas como la franquicia Mad Max, Traición al Amanecer o Maverick. Recién en 1993 abre su carrera detrás de las cámaras con el drama El Hombre sin Rostro y solo 2 años más tarde concreta una de las mejores películas épicas jamás filmada: Corazón Valiente.
Gibson transita a lo largo de sus casi tres horas de duración por la vida de William Wallace (basado en su historia real) que recordemos fue uno de los personajes principales en conseguir la liberación de Escocia sobre el dominio de la Inglaterra gobernada por el despiadado Rey Eduardo I alias Longshanks (Piernas Largas). Recorriendo desde su infancia, pasando por el asesinato de su padre, su “paseo” de varios años con su tío Malcolm Wallace, la vuelta a su pueblo para buscar la tranquilidad y por último su enamoramiento y nuevamente el asesinato que irrumpe en su vida con el homicidio de su reciente esposa. Luego de allí veremos en Corazón Valiente una batalla atrás de otra. Una más espectacular, real y sangrienta que la otra. Pero lo importante, más allá de que como filma Gibson los enfrentamientos son uno de los puntos más altos de esta inmensa película, es como el realizador de Apocalypto se encarga de tomarse el tiempo necesario al comienzo y también entre batalla y batalla para desarrollar con paciencia, soltura, pasión y muchos matices a este encandilante y atractivo personaje. Este muchacho de polleras y pelos largos convence hasta al menos nacionalista y más miedoso de pelear por su romántica, vengativa y apoteótica causa por medio de esos potentes e inspiradores discursos y esto en la película resulta creíble y hasta inspirador.
La mayoría de las películas épicas basan su construcción en el “llamado de la aventura” o el “llamado del héroe” para desde allí partir a la conquista de lo que el personaje desea para si o para su país o para quien sea. Obviamente que no todas las cintas épicas son iguales y son justamente esas pequeñas diferencias las encargadas de enaltecer a Corazón Valiente por encima de otras grandes obras contemporáneas como Gladiador, solo por mencionar alguna (la más significativa de los últimos años). La deliciosa música creada por James Horner es uno de los elementos principales que potencian a esta película. Aunque creo que sin dudas el apartado más trascendental que hace grande a Corazón Valiente es la figura de William Wallace/Mel Gibson con todo lo que eso lleva consigo. La espada (símbolo fálico por excelencia) de Wallace es gigante, quizás una de las más grandes que se ha filmado en un set de cine y esta adrede ostentación se encuentra sostenida por el desarrollo de su personaje. Es que no existen muchos personajes tan feroces, dignos, brutales, pensantes, astutos y sanguinarios como él y que a la vez presenten una semejante coherencia dentro de su construcción, interpretación y ejecución.
El místico y poético casamiento en secreto, la cruenta, cómica y rimbombante batalla de Stirling (como una de las previas a la batalla más tensionantes e inspiradoras de la historia del cine), el sacrificio de Wallace obviamente que cargado de referencias religiosas, son algunas de las memorables secuencias que posee a lo largo y ancho de su metraje esta grandiosa película que a más de 15 años de su salida sigue siendo una gran obra inoxidable, tan grande como la espada de su protagonista.
Titulo Original: Braveheart // Dirección: Mel Gibson // Reparto: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick McGoohan, Angus MacFadyen, Brendan Gleeson // Guión: Randall Wallace // Duración: 177 minutos // Género: Aventuras, Drama // Fecha de Estreno ARG: 01 de Agosto de 1995













