“No importa dónde estés, sino quién eres. No puedes escapar de ti.”
Un consejo a todos los guionistas del mundo del entretenimiento: Si quieren que sus personajes sean interesantes y atrapantes, háganlos sufrir. No los hagan hablar constantemente sobre lo mal que se sienten ni de lo injusta que es la vida. No los hagan caer en melodramas vacíos y conflictos fáciles. Quítenles lo que más quieren y arrástrenlos por el piso, porque eso es verdadero drama.
Bojack Horseman regresó al catálogo de Netflix para su segunda temporada probando que la tragedia y la comedia pueden coexistir sin problema alguno. Ahora que consiguió el rol con el que soñó toda su vida en la película de Secretariat, nuestro héroe (Will Arnett) debe reconocer que no tiene experiencia como actor dramático y que el vacío en su interior, causado por el maltrato de sus padres, no puede llenarse con simples aplausos ni con cambios superficiales de actitud.
Por su parte, Diane (Alison Brie) se siente dividida entre permanecer en su cómodo estilo de vida de Los Ángeles o moverse de su lugar y tratar de hacer una diferencia en el mundo. Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins) encuentra la oportunidad de reavivar su carrera tras una incontable lista de malas inversiones, Princess Carolyn (Amy Sedaris) sigue siendo arrastrada al agujero negro que es la vida de Bojack y Todd (Aaron Paul) sigue con sus esporádicos y variados intentos de encontrar un propósito en su vida.
Al elenco se suma Lisa Kudrow (Friends), prestándole su voz a Wanda Pierce, un búho que estuvo treinta años en coma, por lo que se convierte en la chica perfecta del protagonista al mantener una actitud juvenil y no saber nada acerca del pasado del caballo. La introducción de un nuevo personaje brinda frescura y ayuda a apartarnos de la historia antigua que Bojack tuvo con Diane.
La segunda temporada es, definitivamente, más caótica que la primera, pero también tiene una carga dramática mucho mayor. En la primera, todo cierra bien y todo se relaciona con el conflicto externo principal: la escritura de la biografía. Pero en este caso, no todo está unido a la filmación de Secretariat y hasta hay capítulos enteros que no mencionan ese evento, pese a su importancia.
El mundo de Bojack es vanidoso y cruel.
Hay momentos que se quedan solamente en el chiste y que no conectan bien con la historia, pero el humor viene mucho más afilado este año, dando en el clavo ya desde el primer episodio. Hay una sensación de que el mundo se volvió más grande gracias a un aumento considerable de actores invitados (Henry Winkler, Alan Arkin, Daniel Radcliffe, Paul McCartney, Amy Schumer, Ben Schwartz, etc.) y de personajes que fueron nombrados pero todavía no aparecieron.
El retorno de varios individuos es muy bienvenido, como es el caso de la Actriz de Carácter Margo Martindale y, especialmente, Charlotte Moore (Olivia Wilde), la cierva con la que Bojack siempre supo que debió casarse. Su aparición es importante en varios niveles, no sólo porque obliga al protagonista a enfrentarse a su pasado y a sus decisiones ni porque su presencia le recuerda a una época en la que era más idealista y optimista, sino también porque propone un vistazo al mundo fuera de la burbuja de Hollywood, lejos del gobierno del egocentrismo.
La segunda temporada de Bojack Horseman es más caótica que la primera.
El mundo de Bojack es vanidoso y cruel, pero también es realista (tanto como puede serlo con animales que hablan). Las cosas no le salen bien simplemente porque tengan sentido o porque así lo deseemos. A veces los finales felices no aparecen, aun cuando los merecemos, pero siempre podemos contentarnos con las lecciones que quedan en el medio. Bojack tiene que hacer un gran esfuerzo por aprender a quererse, independientemente de la opinión popular, pero es un camino difícil.
El sentido de la historia parece ser alejarse de la cultura del exitismo. El amor y el respeto no son recompensas que recibimos por terminar un objetivo o por hacer un buen trabajo. El punto es la perseverancia: No se trata de tener éxito para sentirnos bien porque los éxitos son pasajeros. Las novias se van, los proyectos no quedan como queremos, la gente de nuestro pasado hace su vida sin nosotros, la vida se entromete y arruina los planes, y por cada marca personal que superamos, hay un obstáculo más grande adelante. Pero hay que seguir caminando. Y se vuelve más fácil, pero hay que seguirlo haciendo.
Bojack Horseman volvió redoblando la apuesta, tomando mayores riesgos con sus personajes e intensificando los cómicos puntos altos y los trágicos puntos bajos. La resolución de la temporada es un poco apresurada, pero es el pago justo después de capítulos y capítulos de mucho sufrimiento. La satisfacción no va de la mano de los finales felices, sino de los crecimientos implícitos en los momentos difíciles, pero, sin lugar a dudas, la satisfacción está presente.

















