Amor Eterno, de Marcal Forés (Sección: Vanguardia y Género) por Cecilia Martinez.
Esta entré a verla por el sexo. Todo aquello que prometa un poco de sexo explícito suma puntos a la hora de elegir qué ver. Por pajera y porque es un tópico que me interesa, más si se muestra como debe mostrarse, sin estilizaciones ni tibieza. Una discusión entre alumnos abre la película, centrada en torno al enamoramiento, la transformación de la pareja a lo largo del tiempo, el amor a primera vista, la seducción. Y, tomando algo de la hermosa El Desconocido del Lago (sin la veta amistosa), la película intenta escenificar esos tópicos en un oasis perdido, un bosque apartado que sirve como hotel alojamiento gratis y natural. Las personas, homosexuales y heterosexuales por igual, van al bosque a coger, a mirar cómo otros cogen, a masturbarse, a conocer gente, y algunos, unos pocos, a practicar canibalismo. Un profesor cincuentón se vincula sexualmente con un alumno de 17 años, ignorando las prácticas de éste y su grupo de amigos. La película oscila entre suspenso y humor autoconsciente. El resultado: una bizarreada entretenida y simpática.
Stinking Heaven, de Nathan Silver (Sección: Panorama) por Cecilia Martinez.
Ese mismo día, teniendo un rato libre (nunca hay que meterse a ver cualquier cosa solo por tener un rato libre), me metí a ver Stinking Heaven, de Nathan Silver, siguiendo alguna recomendación de alguien, que dijo que era la promesa del cine indie estadounidense (algunas cosas indies estadounidenses me gustan, otras me resultan de un onanismo intelectual apabullante). Ésta, claramente, pertenece al segundo grupo. De todas formas, me fui antes de la sala así que no puedo ni voy a hablar demasiado, solo trataré de advertir a espectadores desprevenidos y proclives a ciertas recomendaciones que no la vean. Esta es una de esas películas-misterio, jamás sabremos por qué se programó. Mi amiga Maro sabiamente descifró las palabras del catálogo, que ya advertían: “un relato que exhibe una urgencia palpable –remarcada por la utilización del registro en video para las sesiones de terapia de grupo– que hace catarsis junto con sus personajes”, y sentenció: “es como ponerte la cámara en la pija y filmar todo desde ahí”. Lo cual, sospecho, sería un experimento mucho más interesante que esto. Si para ciertos directores hacer cine indie implica filmar sin encuadrar nada, mover la cámara espásticamente sin ningún tipo de justificación narrativa, no hacer nada con un mínimo grado de simetría o cuidado de los planos, en definitiva, filmar como el culo porque hay que hacerlo real, o sucio, o lo que sea, y encima filmar con una cámara de video horrible, estamos en problemas. Onanismo intelectual apabullante.
The Kindergarten Teacher, de Nadav Lapid (Sección: Competencia Internacional) por Cecilia Martinez.
Después fui a ver la de Nadav Lapid, una de las que me interesaban particularmente (había visto Policeman cuando se estrenó y me había gustado): The Kindergarten Teacher. Una de las mejores que vi hasta ahora. La maestra de jardín de infantes del título se empieza a obsesionar con un niño de 5 años que entra en trance y compone poemas. Como el nene vive en un ambiente que no le fomenta su extraordinario don, la maestra siente que es su deber moral rescatarlo de la gente que lo rodea y dar a conocer sus poemas al mundo. La película coquetea con la idea de la pedofilia, en escenas que sugieren cosas pero que jamás las muestran. ¿Es ella una idealista en un mundo que no tiene lugar para talentos como el de Yoav y para la poesía o está totalmente desquiciada? La ambigüedad constante ayuda a construir a esta maestra: le roba los poemas al nene pero cuando los lee en público dice que son de él; lo secuestra pero después le dice que llame a la policía; tiene familia y parece sentirse contenida por ella y por su marido y atraída sexualmente pero tiene relaciones con otro sin siquiera desearlo demasiado. Y la escena del baile post lectura de poemas tiene algo de liberadora, de cierta energía contenida y reprimida que busca salir por algún lado. La escena final con la policía (que irrumpe de manera brutal como si de un posible atentado se tratara) contrapone el mundo que le espera a Yoav, un mundo cada vez más estandarizado y homogeneizado producto de la creciente globalización de los gustos, las marcas y las costumbres (resorts all inclusive, acqua gym, música berreta) con el mundo que ella podría haberle dado.
















